El mejor producto no siempre es el más vendido.
Incómodo, pero bastante cierto.
Podés tener un alojamiento hermoso, una ubicación excelente y brindar una experiencia espectacular.
Pero si no sabés mostrarlo, comunicarlo y hacer que el huésped entienda por qué debería elegirte, todo ese valor puede pasar completamente desapercibido.
Por eso esta semana decía algo que puede sonar medio provocador:
la venta es incluso más importante que el producto.
Obviamente hay mínimos que cumplir.
Pero entre dos buenos alojamientos, muchas veces gana el que mejor comunica lo que ofrece.