Muy buenos días a todos,
La última clase fue muy buena ya que están llegando muchos nuevos asistentes tanto a la Clase por Facebook como en Youtube.
Para quienes no la vieron aquí está el enlace:
Clase Ven Sígueme DyC 64-66 | “El Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta”
El Perdón y el Sacrificio
La sección 64 es conocida por enseñar el principio del perdón como algo necesario y un mandato del Señor. Lo que quizás algunos olvidamos con el tiempo, es que la revelación fue dada en medio de los días de fuertes discusiones entre los santos de la época. Según se puede apreciar hasta ahora, las revelaciones fueron dadas a medida que el pueblo de Dios las necesitaba, lo que concuerda plenamente con el principio de "precepto tras precepto".
El Señor se muestra como un Dios perdonador y uno que demanda el perdón entre nosotros (DyC 64:7-10).
Tal como dijo el Élder Uchtdorf:
“… otorgar el perdón es un requisito esencial para recibir el perdón. Para nuestro propio bien, debemos tener la valentía moral de perdonar y de pedir perdón. El alma nunca es más noble ni más valiente que cuando perdona, lo que incluye perdonarnos a nosotros mismos."
Otra enseñanza que les recordaría el sacrificio, ya en una forma muy tangible, era el principio del diezmo. Según el versículo 23, era y es un día de sacrificio y de requerir el diezmo al pueblo. Personalmente creo que cuando consideramos y en efecto pagamos el diezmo a la Iglesia del Señor, estamos poniéndolo en primer lugar y se convierte en una expresión externa de nuestro cometido interior de ponerlo en primer lugar en otros aspectos de nuestra vida, hasta que logremos integridad. Y es por eso que los versículos contiguos hablan de que el Señor requiere el corazón (64:22, 34). Pagar el diezmo es poner a Dios en primer lugar, y eso es imposible de lograr si no le damos prioridad en nuestro corazón.
Profecía cumplida
Un detalle del cual no me había percatado hasta esta semana es que una profecía del Señor por conducto de José, expresada en el versículo 21, que involucraba a Frederick G. Williams, se trataba de retener una posesión en Kirtland por el período de 5 años, en los que el Señor prometía paz y salvación. Hoy me queda claro el cumplimiento cabal de estas palabras dadas en 1831. Ya que en los siguientes 5 años, hasta 1836, se construyó y dedicó el templo y las llaves del sacerdocio fueron restauradas. Luego, justo en el año 6, es decir, en 1837, surgieron problemas entre los miembros y muchos apostataron, José Smith abandonó el lugar a inicio de 1838, y hacia mitad de tal año, la mayoría de los santos se fueron. La mayoría hacia Misuri. De esta forma tenemos un decreto del Señor que se cumplió fielmente tanto en lo que sucedió, como en el marco de tiempo asignado.
Corazón y mente bien dispuesta
Tal como pide el versículo 34, el Señor nos requiere un corazón y mente bien dispuesta, es decir, buena voluntad, tal como se lee después. Además, una potente reflexión la podemos hallar al complementar este versículo con el anterior (33), pues es muy probable que en nuestros esfuerzos continuos de hacer lo bueno, nos cansemos, aún en las cosas pequeñas. Sin embargo, el recordar que con tales cosas lograremos otras mucho más grandes llegando a recibir la abundancia del Señor, se convierte en una robusta motivación para enfocar nuestra mente y corazón, de tal manera que podamos ofrecernos al Señor con total disposición.
DyC 65
Se entiende mejor esta sección destacando ciertos conceptos tal como mostré en el vídeo. Transcribo la sección con estas marcas:
1 Escuchad y oíd una voz como de uno enviado de lo alto, uno potente y poderoso, cuyas salidas son hasta los cabos de la tierra; sí, cuya voz se dirige a los hombres: Preparad la vía del Señor, enderezad sus sendas.
2 Las llaves del reino de Dios han sido entregadas al hombre en la tierra, y de allí rodará el evangelio hasta los extremos de ella, como la piedra cortada del monte, no con mano, ha de rodar, hasta que llene toda la tierra.
3 Sí, una voz que proclama: Preparad la vía del Señor, disponed la cena del Cordero, aparejad para el Esposo.
4 Orad al Señor, invocad su santo nombre, dad a conocer sus maravillosas obras entre el pueblo.
5 Implorad al Señor, a fin de que su reino se extienda sobre la faz de la tierra, para que sus habitantes lo reciban y estén preparados para los días que han de venir, en los cuales el Hijo del Hombre descenderá en el cielo, revestido del resplandor de su gloria, para recibir el reino de Dios establecido sobre la tierra.
6 Por tanto, extiéndase el reino de Dios, para que venga el reino de los cielos, a fin de que tú, oh Dios, seas glorificado en los cielos así como en la tierra, para que tus enemigos sean vencidos; porque tuya es la honra, el poder, y la gloria, para siempre jamás. Amén.
Las expresiones en amarillo nos muestran el gran objeto de esta obra, que es extenderse por todo lugar. Los verbos en imperativo marcados en naranjo, nos traspasan el sentimiento de pertenencia, mandato y urgencia. Somos nosotros, y en aquel tiempo los santos de la época, quienes formamos parte de la extensión del Reino, es un mandamiento y debemos hacerlo con presteza.
Es interesante también que esta sección se relacione tan perfectamente con los últimos versículo de la sección anterior (64), que fueron dadas casi con 2 meses de diferencia. Por un lado se habla del triunfo del Reino y de ser un Estandarte a las Naciones, y por otro lado, de cómo nosotros debemos ser parte de ello.
Llaves del Reino
Tanto en la sección 64 como en la 65 se mencionan las llaves del Reino. En nuestra clase pude compartir 3 principios fundamentales sobre las llaves. Comparto el tercero aquí, basándome en una enseñanza del Presidente Joseph Fielding Smith:
“Poseemos el Santo Sacerdocio de Melquisedec, que es el poder y la autoridad de Dios delegados al hombre en la tierra para actuar en todas las cosas para la salvación de los hombres. También poseemos las llaves del Reino de Dios sobre la tierra, el cual es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Esas llaves son el derecho de presidir; son el poder y la autoridad para gobernar y dirigir todos los asuntos del Señor sobre la tierra. Aquellos que las poseen tienen el poder para gobernar y controlar la manera en que todos los demás pueden servir en el sacerdocio. Todos nosotros podemos poseer el sacerdocio, pero únicamente podemos usarlo tal como es autorizado y dirigido por aquellos que poseen las llaves." (véase “Las llaves eternas y el derecho de presidir”, Liahona, marzo de 1973, pág. 18).
Lo que está en negritas lo destaqué porque para mí fue la respuesta a aquellos que a través de los años han descartado la guía celestial en los profetas que han cambiado ciertas normas en la Iglesia. La verdad es esta: El Señor ha concedido el permiso a sus siervos que poseen las llaves del Sacerdocio, de gobernar y controlar la manera en que todos los demás pueden servir en el sacerdocio. Muchos, sobre todo fuera de la Iglesia, han criticado que en nuestra Iglesia existan cargos extraños para ellos, que no salen en las escrituras, como Presidente de Misión o de Estaca, u otros. Sin embargo, si comprendemos bien la facultad que el Señor entrega a sus Apóstoles, y en particular al Profeta en calidad de Apóstol mayor, sabremos sin duda que puede gobernar lo administrativo y ministerial de la Iglesia entera. Por supuesto que bajo la inspiración de Dios. El Profeta tiene esta atribución, debido a que tiene el derecho a presidir en totalidad, es decir las llaves del Reino.
Sección 66
Encontramos aquí muchas promesas efectuadas a un buen siervo del Señor, el Élder McLellin, quien desafortunadamente abandonó la fe, aún después de haber sido llamado por el Señor como Apóstol. Lo más interesante del contexto en que se recibe, es que William E. McLellin le había pedido en secreto al Señor que le hiciera saber mediante el Profeta la respuesta a cinco preguntas que José Smith, de hecho, desconocía. La revelación vino y efectivamente el declaró que sus preguntas habían sido respondidas en plenitud. Es algo que nunca en su vida negó, aún estando fuera de la Iglesia. Es una sección muy íntima que nos recuerda una bendición patriarcal. Les invito a leer su propia bendición patriarcal esta semana, o a hacer arreglos para recibirla, y luego a examinarla y atesorarla.
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Un buen fin de semana para todos. Nos vemos en nuestra próxima clase el domingo en la tarde/noche.
Obispo Hernán F. Toledo
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