Buenos días queridos(as) amigos(as),
"Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano jurando haceros habitar en ella, exceptuando a Caleb hijo de Jefone y a Josué hijo de Nun" (Números 14:30).
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Números 11–14; 20–24 | No seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis
Resumen de la clase
Conforme los israelitas viajaban por el desierto, Moisés se sintió cansado de sus murmuraciones y procuró la ayuda del Señor. Por consiguiente, el Señor escogió a 70 líderes para que ayudaran a Moisés a gobernar Israel. María y Aarón criticaron a Moisés y el Señor los castigó por haber hablado en contra de Su siervo escogido.
De acuerdo a lo que había mandado el Señor, Moisés envió a doce espías a explorar la tierra de Canaán e informar sobre lo que hallaran. Después que diez de los espías “vituperaron… la tierra que habían reconocido” (Números 13:32), los israelitas temieron que el pueblo de la tierra fuera demasiado fuerte para conquistarlo y le faltó la fe necesaria para entrar en la tierra prometida. Por consiguiente, el Señor declaró que andarían errantes en el desierto durante cuarenta años.
Después que los hijos de Israel se negaron a entrar en la tierra prometida, Jehová les recordó las ordenanzas de sacrificios que los ayudarían a recibir el perdón si se arrepentían. Les dio instrucciones adicionales sobre cómo ofrecer sacrificios y guardar convenios, tomando en cuenta las medidas necesarias para la redención si las personas pecaban en ignorancia. No obstante, el Señor dijo también que si las personas pecaban en abierta rebeldía, sus iniquidades caerían sobre ellos y serían desarraigados del pueblo de Jehová. Un grupo de israelitas se rebeló contra Jehová y fue destruido. A través de un milagro, Jehová mostró al pueblo a quién había escogido Él para que lo dirigiese.
Después de casi cuarenta años de salir de Egipto, los israelitas se rebelaron contra Moisés y Aarón debido a la falta de agua. Jehová mandó a Moisés sacar agua de una peña. Estos siervos no lo hicieron como el Señor pidió, pero aún así el Señor siguió siendo misericordioso. Los hijos de Israel se rebelaron de nuevo cuando no se les permitió pasar a través de la tierra de Edom de camino a la tierra prometida pues, debido a ello, tuvieron que recorrer una gran distancia alrededor de Edom. Como consecuencia de su rebelión, Jehová envió serpientes venenosas entre el pueblo. Luego mandó a Moisés que colocara una serpiente de bronce sobre un asta y prometió que quienes la miraran serían sanados.
Después de que los israelitas derrotaron a los amorreos, el rey de Moab (Balac) tuvo miedo de que los israelitas destruyeran también su nación. Balac le pidió a un profeta llamado Balaam que maldijera a los israelitas. Sin embargo, el Señor le indicó a Balaam que no maldijera a los israelitas, por lo que Balaam los bendijo en lugar de maldecirlos. Más tarde, Balaam desobedeció al Señor y le enseñó a Balac que éste podía debilitar a los israelitas incitándolos a cometer pecados.
Principios/Doctrinas centrales
2 líneas de comunicación profética
En Números 11 leemos:
25 Entonces Jehová descendió en la nube y le habló; y tomó del espíritu que estaba en él y lo puso en los setenta varones ancianos; y aconteció que cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron.
26 Y habían quedado en el campamento dos hombres, uno llamado Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu; estaban estos entre los inscritos, pero no habían ido al tabernáculo; y profetizaron en el campamento.
27 Y corrió un joven y dio aviso a Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campamento.
28 Entonces respondió Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés desde su juventud, y dijo: Señor mío Moisés, impídeselo.
29 Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? ¡Ojalá que todos los del pueblo de Jehová fuesen profetas, que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos!
Moisés no quiso decir que quería que todos fuesen profetas y que guiaran y recibieran revelación para la Iglesia; más bien, es probable que haya querido decir que ojalá todas las personas viviesen dignas de recibir revelación para su propia vida, llamamientos y responsabilidades, si lo llevamos a la aplicación actual.
Existen 2 líneas de comunicación celestial:
- La línea personal
- La línea del Sacerdocio
La personal es mediante la que recibimos revelación para todo lo relacionado a nuestras vidas. La línea del sacerdocio es el conducto que Dios estableció para eliminar la confusión entre diversas iglesias, como pasaba en la época de José Smith. Dios tiene solamente a su profeta viviente para revelar los asuntos de su Reino.
También en ese son de crítica cayeron María y Aarón cuando preguntaron si acaso ellos no habían sido también profetas o si solamente era Moisés (Núm. 12). La casa del Señor es una casa de orden. El profeta José Smith enseñó que ‘es contrario a la economía de Dios que un miembro de la Iglesia, o cualquier otro, reciba instrucciones para los que poseen una autoridad mayor que la de ellos’ [Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, pág. 208].
Podemos recibir revelación individual, como la recibe un padre o madre para su familia; o para aquellos de quienes somos responsables como líderes o maestros, habiendo sido debidamente llamados y apartados.
Si la persona empieza a criticar y abriga sentimientos negativos, el Espíritu se alejará; y regresará únicamente cuando esa persona se arrepienta. Por experiencia propia sé que los medios de inspiración siempre siguen ese orden. Les aseguro que estarán a salvo si siguen a sus líderes” (Boyd K. Packer, “Revelación personal: El don, la prueba y la promesa”, Liahona, junio de 1997, pág. 14).
La verdad, la fe y el optimismo
También recomiendo leer el capítulo 13 y 14 notando las palabras que usaron Josué y Caleb para dar su informe sobre la tierra prometida. Ellos finalmente fueron los únicos en quedar vivos para entrar en la tierra prometida al término de los cuarenta años. El Señor los protegió y bendijo debido a su forma de ver con fe y entusiasmo lo que les esperaba, habiendo abandonado el miedo.
La fe en el Salvador
Los hijos de Israel destruyeron a los cananeos que lucharon contra ellos. Jehová envió a los israelitas una plaga de serpientes ardientes debido a las constantes murmuraciones. No obstante, preparó un medio para que desarrollaran fe y se sanaran. Es así como Moisés levantó una serpiente de bronce para salvar a los que la miraran. Tal como aprendemos de muchas escrituras que ustedes pueden seguir en las referencias cruzadas, muchos fueron obstinados y no miraron y perecieron.
El error de Balaam
¿Cuánto dinero te tendrían que pagar para que hicieras algo que sabes que no es correcto? En Números 22–24 se relata la historia de un hombre que tuvo que tomar una decisión así. Su nombre era Balaam y era un adivino que creía en el Dios de Israel, o por lo menos sabía de Él hasta el punto de recibir la influencia del Espíritu. El rey de Moab trató de contratar a Balaam para que maldijese a Israel y de esa forma los moabitas pudieran derrotarlo en el campo de batalla.
El Señor le dijo a Balaam que si los príncipes de Moab le pedían que los acompañara nuevamente, debía ir pero sólo para hacer lo que el Señor le dijera (véase Números 22:20). En el versículo 21 se registra que Balaam se levantó a la mañana siguiente y, sin pensarlo más, se puso en camino. Algunas personas han observado que es posible que Balaam deseara el dinero que le habían ofrecido por sus servicios (véase 2 Pedro 2:15) y que comenzó el viaje sin ninguna intención de obedecer al Señor; por consiguiente, tuvo una extraordinaria experiencia con su asna y con un ángel con una espada desnuda en la mano que le indicó que debía escuchar al Señor. Finalmente, el Señor le recordó nuevamente a Balaam que podía ir con los príncipes pero sólo si hablaba con las palabras que Él le indicara (véase Números 22:35). La prueba seguramente no era ir o no ir, sino tener o no tener amor por la riquezas en el corazón.
Vemos que si bien Balaam no cedió directamente a las insistencias de Balac, de todas maneras, según lo que sigue en la historia, se sabe que tentó al pueblo a pecar con las hijas de Moab y de esa manera hacer que el pueblo de Dios dejara, al menos temporalmente, de ser bendecido.
La reflexión es: ¿Hemos sido piedras de tropiezo alguna vez? Además, ¿hemos obedecido sólo con palabras pero no con el corazón?
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Hernán Felipe Toledo
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