Hernán Toledo by Hernán Felipe Toledo

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DyC 88 | Estableced... una casa de Dios

Hola queridos hermanos y hermanas,


Se nos hizo corto el tiempo para analizar la tan amplia sección 88 en una sola clase, pero intentamos ver lo principal desde la perspectiva del complemento.


Si no viste la última clase, puedes hacerlo desde el siguiente enlace:


Clase Ven Sígueme DyC 88 | "Estableced... una casa de Dios”


El otro consolador


La sección comienza, entre otras cosas, con una gloriosa promesa de "otro Consolador" (v. 3).


Siempre es bueno recordar que sabemos de dos personajes con el título y función de Consolador. Según las definiciones aceptadas por la Iglesia tenemos que el primer Consolador es el Espíritu Santo (Juan 14:26–27; Moro. 8:26; DyC 21:9; 42:17; 90:11). El Segundo Consolador es el Señor Jesucristo (Juan 14:18, 21, 23). Cuando una persona recibe al Segundo Consolador, de cuando en cuando se le aparecerá Jesucristo, quien le revelará al Padre y le enseñará cara a cara (DyC 130:3).


En esta sección ese otro Consolador es el Primero, es decir, El Espíritu Santo. El élder Bednar enseñó:


"El Santo Espíritu de la Promesa es el poder ratificador del Espíritu Santo. Cuando el Santo Espíritu de la Promesa sella una ordenanza, una promesa o un convenio, estos se ligan en la tierra y en los cielos (véase D. y C. 132:7). Recibir ese ‘sello de aprobación’ del Espíritu Santo es el resultado de honrar los convenios del Evangelio con fidelidad, integridad y firmeza ‘con el transcurso del tiempo’ (Moisés 7:21). Sin embargo, el sellamiento puede anularse por la falta de rectitud y por la transgresión.
La purificación y el sellamiento por medio del Santo Espíritu de la Promesa son los pasos culminantes en el proceso de nacer de nuevo” (“Os es necesario nacer de nuevo”, Liahona, mayo de 2007, pág. 22).


Cabe destacar además que el versículo 6 nos trae a la mente la gran escritura de las sección 122 de DyC que la mayoría habrá escuchado muchas veces en cuanto a que, el Hijo del Hombre ha descendido debajo de todo, asentándolo como una base de su perfecto conocimiento y para en los versículos siguientes iniciar una revelación notable sobre la luz de la verdad.


La luz de Cristo


En este punto quiero señalar lo que la sección agrega a nuestro conocimiento sobre la luz de Cristo. Lo comúnmente sabido es que la luz de Cristo es aquella influencia con la que todos nacemos y que nos ayuda a distinguir la verdad de la mentira y lo bueno de lo malo. Lo que aprendemos en la sección 88, sobre todo hasta el versículo 13, es que la luz de Cristo es una ley mediante la cual se gobierna todas las cosas y además es una luz que vivifica.


13 la luz que existe en todas las cosas, que da vida a todas las cosas, que es la ley por la cual se gobiernan todas las cosas, sí, el poder de Dios que se sienta sobre su trono, que existe en el seno de la eternidad, que está en medio de todas las cosas.


El élder Richard G. Scott una vez declaró al respecto:


“La luz de Cristo es el poder o influencia divinos que proceden de Dios por medio de Jesucristo y es lo que da vida y luz a todas las cosas. Induce a todos los seres racionales de la tierra a discernir la verdad del error, lo correcto de lo incorrecto. Activa la conciencia [véase Moroni 7:16]. Su influencia se debilita a causa de la transgresión y la adicción, y se restablece mediante un arrepentimiento adecuado. La luz de Cristo no es una persona, sino un poder y una influencia que provienen de Dios y, cuando se sigue, guía a la persona y la prepara para recibir la guía y la inspiración del Espíritu Santo [véanse Juan 1:9; D. y C. 84:46–47]” (véase “Paz de conciencia y paz mental”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 15).


Leyes y reinos


Algo que hemos tocado superficialmente en el pasado, en otras clases, es que existen todo tipo de reinos en todo el espacio. El versículo 37 nos enseña que no hay espacio en el cual no haya un reino. En otras palabras, no hay tal cosa como "tierra de nadie". El Señor reina en la inmensidad del espacio como lo hemos visto, incluso a través de su luz. Y para que sea reino, deben existir leyes, y si existen leyes, existe un Dios que las administra. Por eso los versículos previos y siguientes (...36, 38, 42...) nos recalcan que existen leyes de gobierno con sus condiciones de cumplimiento, y tal como pensamos, con efectos propios.


Es mi creencia personal que cada criatura viviente sobre la cual Dios ha puesto un espíritu, debe estar gobernada con algún tipo de ley ya sea de un reino mayor o menor (v. 37) y por lo tanto tendrá condiciones de cumplimiento sobre la cual llegue un juicio final (véase versículo 40 y la siguiente cita del élder Christofferson), como con todos sus hijos. Las inteligencias que conforman todo tipo de almas vivientes, son las que son reguladas de esta manera (véase DyC 93:30, que estudiaremos en 2 clases más).


El élder D. Todd Christofferson ha complementado:


"La gloria y el reino que una persona herede en la resurrección estarán condicionados por la ley que tenga la capacidad de cumplir. Por ejemplo, una persona debe “obedecer la ley de un reino celestial” para poder heredar la gloria celestial (D. y C. 88:22). "La ley del reino celestial es, por supuesto, la ley y los convenios del Evangelio, que incluyen el tener constantemente presente al Salvador y nuestro compromiso de obediencia, sacrificio, consagración y fidelidad” (“A Sion venid”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 38; véase también D. y C. 105:3–5).


Compatibilidades y sinergias


Y hablando de inteligencia, en una segunda acepción de la palabra, la inteligencia es la gloria de Dios, en otras palabras, su gloria se produce en la inteligencia, la inteligencia honra a Dios y genera gloria, y también podríamos concluir que la exaltación sólo es lograda por inteligencias mediante principios de inteligencia. Y es aquí en donde los versículos 40 y 41 nos contribuyen a la comprensión:


40 Porque la inteligencia se allega a la inteligencia; la sabiduría recibe a la sabiduría; la verdad abraza a la verdad; la virtud ama a la virtud; la luz se allega a la luz; la misericordia tiene compasión de la misericordia y reclama lo suyo; la justicia sigue su curso y reclama lo suyo; el juicio va ante la faz de aquel que se sienta sobre el trono y gobierna y ejecuta todas las cosas.
41 Él comprende todas las cosas, y todas las cosas están delante de él, y todas las cosas están alrededor de él; y él está sobre todas las cosas, y en todas las cosas, y por en medio de todas las cosas, y circunda todas las cosas; y todas las cosas son por él, y de él, sí, Dios, para siempre jamás.


También el versículo 49 nos muestra la enseñanza desde otro ángulo: "La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no la comprenden...".


Esta enseñanza nos expone la forma en que los principios se fortalecen. Fundamentalmente sucede cuando se potencian unos con otros en similitud. Para entenderlo bien, es algo muy parecido a una compatibilidad o combinación. Sucede en las personas, en los colores, en las situaciones. Todo lo que parece familiar de un lado a otro, tiende a potenciarse sinérgicamente. Donde hay amor, es seguro que continuará llegando amor. Pero donde hay odio no habrá lugar de cabida para el amor, a menos que ese odio se disipe.


Testimonio y conocimiento


Más o menos desde la parábola inserta en la sección, sobre los reinos y sus estaciones (51-61), en adelante y hasta el final, se tocan muchos temas, con uno particularmente central como si fuera una columna: Dar testimonio y procurar conocimiento. Para que el lector lo vea claramente, copio a continuación una serie de versículos hasta el final, con destacados del tema en negrita, que nos darán la sensación de esta columna trascendente sobre este tema:


63 Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá;


67 Y si vuestra mira está puesta únicamente en mi gloria, vuestro cuerpo entero será lleno de luz y no habrá tinieblas en vosotros; y el cuerpo lleno de luz comprende todas las cosas.


77 Y os mando que os enseñéis el uno al otro la doctrina del reino.


78 Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará, para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender;


81 He aquí, os envié para testificar y amonestar al pueblo, y conviene que todo hombre que ha sido amonestado, amoneste a su prójimo.


88 Y después de vuestro testimonio vienen la ira y la indignación sobre el pueblo.


89 Porque después de vuestro testimonio viene el testimonio de terremotos que causarán gemidos en el centro de la tierra, y los hombres caerán al suelo y no podrán permanecer en pie.


90 Y también viene el testimonio de la voz de truenos, y la voz de relámpagos, y la voz de tempestades, y la voz de las olas del mar que se precipitan allende sus límites.


85-116 [Señales de los últimos días, mencionándolas como testimonios]


118 Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio 

como por la fe.


119 Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios;


124 Cesad de ser ociosos; cesad de ser impuros; cesad de criticaros el uno al otro; cesad de dormir más de lo necesario; acostaos temprano para que no os fatiguéis; levantaos temprano para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados.


127 a 141 : Versículos dedicados a la Escuela de los Profetas (Conocimiento).


Si bien a lo largo de la sección se tratan señales y prodigios de los últimos días, como se puede apreciar, era el conocimiento y el testimonio lo que debían procurar los santos en esa época. La sección fue llamada por el profeta como la "hoja del olivo", probablemente porque entregaría paz a los santos y líderes de Ohio y Misuri que en esos días continuaban en espíritu de crítica entre ellos. Donde hay conocimiento y verdad habrá paz, y más particularmente donde hay amor, habrá paz. Les dejo, para finalizar, la escritura más elocuente y necesaria en el contexto en que los líderes se encontraban:


DyC 88:125 Y sobre todo, vestíos, como con un manto, con el vínculo de la caridad, que es el vínculo de la perfección y de la paz.


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Un buen fin de semana para todos. Nos vemos el domingo en la tarde/noche, en nuestra clase en vivo.


Hernán Felipe Toledo

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