Coincidencias

May 07, 2026 3:22 pm

No podemos pretender estar siempre surfeando la ola.

Hay momentos en los que ni siquiera queremos estar cerca del mar.


Momentos en los que predominan las dudas.


La incertidumbre.


Las preguntas.


Preguntas nuevas.

Preguntas diferentes.


Sentimos algo que nos lleva a hablar con nosotros mismos:


“¿Qué está pasando?

Si todo va bien.

No tengo de qué quejarme…”


Sería muy fácil ceder a la ansiedad la responsabilidad de salir de ese momento de bajón.


Pero no es eso lo que necesitamos.


El momento de bajón no es una piedra en el camino que hay que esquivar.

Es una mochila con la que hay que aprender a caminar.

Con la que hay que recorrer ese nuevo camino.


Y la mochila está de nuestro lado.


Para tomar decisiones que nos engrandezcan.

Para aprender qué NO.

Para aprender qué SÍ.


Como todo camino, no está exento de casualidades.

Y esta semana he tenido dos muy seguidas.


¿La primera?


Recibir el mensaje de un ex-compañero de trabajo.

Un mensaje haciendo referencia a experiencias vividas hace 25 años.


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¿La segunda?


Un ex-compañero de clase acordándose de una de mis canciones favoritas de nada más y nada menos que el año 94.


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En ambos casos, he tenido un sentimiento brutalmente positivo al comprobar que personas con las que viví experiencias hace un huevo de años las siguen recordando.


Que, de vez en cuando, formo parte de sus recuerdos.

Igual que ellos forman parte de los míos.


Brutal.


Picos de felicidad que hacen más fácil vivir, y disfrutar, el momento actual.


Así que lo que he hecho antes de empezar a escribir este email ha sido enviar este mensaje a Jaumet, uno de mis mejores amigos al que en su momento le confesé: “Jaume, eres mi debilidad”


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Un mensaje para vernos.

Para hacer algo que disfrutábamos con 16 años.

Comer una pipas en nuestro parque.

Diciendo chorradas.

Riéndonos.


Espero que me diga que sí...


Que pases buena tarde.


Ángel.

En ruta de la Ciudad al Bosque.





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