Una historia personal de "decir sí cuando quieres decir no" que lleva una conclusión que no te esperas.
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Esto pasó hace muchos años, muchos.
Quizá a ti también te pase.
Yo no quería seguir bebiendo alcohol (vale para cualquier cosa que no quieras hacer).
Con el alcohol se habían destrozado demasiadas cosas en mi vida.
Era mi cumpleaños (el último que "celebré").
Estaba en un restaurante mexicano de Barcelona con una amiga. Mesas pequeñas, gente apretada subiendo el tono de voz, ya sabes... Y bebiendo la típica «yarda» de litro.
Mi amiga era una de las muchas personas que por aquel entonces estaban en mi vida y que aunque se llamaran amigas no lo eran. Y bueno, eso no se suele saber hasta que dejar de decir sí cuando quieres decir no.
-¿Qué vamos a beber? -preguntó mi amiga.
-Yo agua y tú lo que quieras. -respondí con la asertividad de una gominola...
-¿Agua? Qué aburrida te estás volviendo, Eva. No sé qué te pasa últimamente.
-No quiero celebrar con alcohol nada más en mi vida. Además, ¿cómo puede ser que use lo mismo para celebrar que para «ahogar las penas»?