Que en paz descanse Enrique E. López

Enrique platicar contigo era una delicia. Tu forma de ver la vida y las diferentes cosas ya sea del mundo o de la realidad espiritual era especial. Esa mezcla de psicólogo, sociólogo, filósofo personalista y de católico comprometido era única. Me platicabas lo que hacías por organizaciones en los proyectos que tenías con Humanum y se veía la pasión, pero la parte que te jalaba al apostolado era inmensa y quedaba claro la disfrutabas grandemente. Este último año sobre todo con tantos planes al respecto para con hispanos en EUA por un lado y por otro lado con tu singular enfoque en todo lo relacionado a la familia con tu libro que vio la luz hace menos de un mes, con tu podcast que estábamos a semanas de que saliera y todas las cosas que andabas ideando.


Ejemplo tremendo de persona como las que hacen falta hoy y en especial de esposo y de papá, un verdadero San José no solo hacia tu familia sino hacia afuera. Gracias por todo hermano y amigo. Sobre todo por ser ese gran gran gran ejemplo para mí.


Todavía no sabemos de qué forma concreta honraremos tu legado, ya que te nos acabas de ir, pero con lágrimas en los ojos y el corazón hecho pedazos sé que sea lo que se nos ocurra seguirás impactando a muchas almas.


Confiando en la misericordia de Dios y sabiendo como viviste estas últimas dos semanas, en profunda oración y con una paz que yo no entendía, tengo una certeza de que estás gozando de la Gloria eterna con la corte celestial.


No conozco a Teresa ni a tus cinco hijos en persona, pero gracias a las platicadas en el Ray Bar, en Panem, en el Starbucks y llamadas, Zooms y sí, aunque me tardaba mucho en contestarte también vía WhatsApp, siento que sí los conozco. Me duele tremendamente que se queden sin ti, esposo y papá entregado a ellos en todo lo que esto puede significar humana y espiritualmente. Pido por ellos desde el momento que supe de tu partida, los tengo en mis pensamientos durante el día y en mi insomnio. Quisiera abrazarlos y platicarles de ti, de todo lo que eras, hacías y estabas haciendo para que más familias pudieran aspirar a ser una verdadera Iglesia Doméstica, tal como tú la tenías en tu familia.


Estas últimas semanas, ya enfermo en Puebla, seguías al tanto de todo lo que pasaría en el Simposio viendo como participar de los paneles, el diálogo que tendría contigo y todas las sesiones interactivas. ¿Por qué estabas así aún en medio de la falta de respiración durante el día y de las noches en las que me platicabas sentías que te ahogabas? Estabas tan emocionado por compartir tu nuevo libro y tu podcast con miles de católicos porque tenías claro la riqueza única (por la forma tan única que tenías de ver todo desde varias luces pero a final de cuentas de manera integral) que estabas regalándole al mundo. Estoy seguro dará muchísimos frutos, no me queda duda.


Espero pronto seguir escribiendo, ahorita las lágrimas no me lo permiten. Gracias Enrique, ¡Gracias!


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