- ¡¡Lo mataron!! -dijo mi prima con tanta determinación que no se me ocurrió pensar en otra cosa. Sí, lo habían matado.
- ¿Quién? ¿El narco?
- ¡¡El gobierno!!
Haiga sido como haiga sido, pobre Blake. Me acuerdo que una vez lo vi. De cerca, pasó frente a mí. También vi al subsecretario que iba con él en el helicóptero. A él, sí más de cerca, y más tiempo.
Se me hicieron muy de oficio; como que sabían lo que hacían: ser políticos. Felipe Zamora lo demostró en un evento en Ciudad Juárez. Pidió un minuto de silencio por las víctimas cuando subió al estrado y lo abuchearon. Funcionó. Me cagué. Quedé muy impresionado por la capacidad de manejar a la gente en situaciones tan delicadas.
Otro que también se cagó, yo creo, fue Alejandro Poire.
Él mismo dijo que sabía que su nombramiento llegaba "en un momento doloroso…". Logró llegar al final de sexenio y después se dedicó a la academia, análisis político y consultoría.
Dos veces nos quedamos sin secretario
pero no sin secretaría
Tomé el frasco que tenía frente a mí y traté una vez más de recordar el nombre mientras veía las semillitas negras dentro.