Ayer volví a ese trabajo que solo me aporta dinero.
Así vive mucha gente.
Nadie quiere aceptar la realidad.
Decides entrar en cárcel por una nómina.
Mis problemas emocionales no me permitieron enfrentarme a la incomodidad.
Esa es mi excusa.
Y la segunda es que traté de hacerlo todo.
Es fácil no ver más allá de tu dia a día.
Ahora lo tengo claro.
Los zapatos de seguridad que uso me duelen más que unos mocasiones con powerpoint.
Con el tiempo el dolor irá despareciendo.
Y el pié se adaptará al zapato.
Me parecerá hasta bien ir a currar.
Trataré de no olvidar el dolor.
Por eso he participado en una subasta de la que nadie quería saber nada.
Y si alguien entrase en esa casa me preguntaría,
¿Estas bien?
Mañana otra locura más.
PD: ¿Te lo vas a guardar solo para tí? Pues reenvíale mi newsletter a tu peor enemigo, o no.
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