Buen fin de semana queridos(as) hermanos(as),
"Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por causa de mí y por causa de David, mi siervo." (2 Reyes 19:34).
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2 Reyes 17–25 | En Jehová Dios de Israel puso su esperanza
Resumen de la clase
Los gobernantes del Reino del Norte (Israel) habían perpetuado la iniquidad, y los asirios habían conquistado el reino.
Ezequías, rey de Judá, reinó con rectitud y acabó con la idolatría en su reino. Fue durante su reinado, que Asiria se llevó el Reino del Norte (Israel) al cautiverio, y más tarde invadió el Reino del Sur (Judá). Bajo amenaza de ataque, Ezequías envió siervos al profeta Isaías para pedirle que orase por el pueblo. Jehová, por medio de Isaías, le dijo al pueblo que no temiera y que Él los ayudaría. Más adelante, Ezequías oró en cuanto a la amenaza asiria y Jehová le aseguró que Él defendería la ciudad. Un ángel que envió Jehová aniquiló el campamento asirio, matando a 185.000 asirios. Posteriormente, Jehová alargó la vida de Ezequías por causa de su súplica y su rectitud.
Bajo el reinado de los reyes Manasés y Amón, el reino de Judá se vio envuelto en prácticas inicuas de idolatría. Cuando Josías llegó a ser rey, usó el libro de la ley para llamar al pueblo al arrepentimiento. Tras la muerte de Josías en batalla, los cuatro reyes que lo sucedieron volvieron a llevar a Judá a la iniquidad. Bajo el reinado de Sedequías, Jerusalén fue destruida y el pueblo fue reducido al cautiverio en Babilonia. Fue esa la época en que conectamos con El Libro de Mormón, pues al inicio del reinado de Sedequías, Lehi es advertido y comienza su propio éxodo.
Grandes líderes, y terribles líderes
En esta clase conocemos de grandes líderes como Ezequías y Josías, pero también de muy malos, como Oseas, Manasés, Amón, Joacaz, Joacim, Joaquín y Matanías, quienes hicieron lo malo ante Jehová, destacando siempre los pecados de idolatría y de profanación del templo.
Vale hace la comparación de fortaleza de Ezequías y Josías como se describe en las dos hermosas escrituras que los describen:
Ezequías:
Él quitó los lugares altos, y quebró los ídolos, y destruyó las imágenes de Asera e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán.
En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni antes ni después de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá.
Porque siguió a Jehová y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová ordenó a Moisés (2 Reyes 18:4-6).
Ezequías fue entonces valiente y obediente, y quizás la cualidad más destacable es su perseverancia, pues dice que "no se apartó de [Jehová]". Muchos seguían a Jehová pero la dinamica del orgullo les hacía olvidarlo. No fue así con Ezequías.
Josías:
No hubo otro rey antes de él que se convirtiese a Jehová con todo su corazón, y con toda su alma y con todas su fuerzas, aconforme a toda la ley de Moisés, ni después de él se levantó otro igual (2 Reyes 23:25).
Todo esto porque Josías eliminó los objetos de adoración y todo tipo de idolatría que había aparecido nuevamente después de Ezequías. De esta esta forma hizo que el pueblo se centrara en nuevamente en un convenio sólo con Jehová.
Los que mueren en lugar de ser sanados
En el capítulo 20 de 2 Reyes se le dice a Ezequías que morirá a causa de su enfermedad. Luego él suplica en llanto y se le concede más vida, es decir 15 años, una gran bendición. Sin embargo, luego de eso igual seguiría el curso de todo hombre como deja en claro el último versículo de ese capítulo. Esto nos da para pensar en lo que el Señor puede hacer por quienes están prontos a morir: o sanarles para seguir viviendo, o continuar con la voluntad de que se termine una vida en la tierra.
El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, habló de las fuentes a las que podemos acudir cuando necesitamos ser físicamente sanados:
“Los Santos de los Últimos Días creen en la aplicación del mejor conocimiento y de las técnicas científicas disponibles. Nos valemos de la nutrición, del ejercicio y de otras prácticas para preservar la salud, y conseguimos la ayuda de profesionales que sanan, tales como médicos y cirujanos, para restaurar la salud.
“El uso de la ciencia médica no va en desacuerdo con nuestras oraciones de fe ni con nuestra dependencia en las bendiciones del sacerdocio…
“Naturalmente, no esperamos hasta que se agoten todos los otros métodos antes de orar con fe o dar bendiciones del sacerdocio para sanar. En emergencias, las oraciones y bendiciones vienen primero. Con frecuencia, procuramos todos esos esfuerzos de forma simultánea” (“Sanar a los enfermos”, Liahona, mayo de 2010, pág. 47).
Aunque es cierto que si ejercemos la fe en el Señor podemos ser sanados, la revelación moderna dice: “Y además, sucederá que el que tuviere fe en mí para ser sanado, y no estuviere señalado para morir, sanará” (D. y C. 42:48). Por lo tanto, si una persona está señalada para morir, el plan del Señor estipula que esa persona vaya al mundo de los espíritus y continúe progresando.
Piensen en el ejemplo que enseñó el élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, de un joven padre que se enteró de que su hijita de cuatro años estaba gravemente enferma:
“…el padre se puso de rodillas en oración para suplicar por la vida de su hija. No obstante, su estado empeoró. Poco a poco, este padre tuvo la impresión de que su hijita no viviría y, lentamente, sus oraciones cambiaron; ya no oró para suplicar que se curara, sino para implorar entendimiento. ‘Hágase Tu voluntad’ era el estilo de sus súplicas…
“El discernir y aceptar la voluntad de Dios en nuestra vida son elementos fundamentales del pedir con fe en sincera oración. Sin embargo, el solo decir las palabras ‘hágase Tu voluntad’ no es suficiente. Todos necesitamos la ayuda de Dios para someter nuestra voluntad a la de Él.
“‘La oración es el acto mediante el cual la voluntad del Padre y la del Hijo entran en mutua armonía’ [Bible Dictionary, “Prayer”]. La oración humilde, ferviente y constante nos permite reconocer la voluntad de nuestro Padre Celestial y actuar de acuerdo con ella” (“Pedir con fe”, Liahona, mayo de 2008, págs. 96–97).
¿Qué era el “libro de la ley” que se encontró en el templo?
En medio de un contexto de reformas (2 Reyes 22) en el templo previamente acechado, conducidas en la época del liderazgo de Josías, se encontró un libro, que hizo que Josías se sintiera él y el pueblo muy alejados de los estatutos de Jehová.
La mayoría de los eruditos concuerdan en que el libro de la ley que se halló en el templo era una forma del libro de Deuteronomio. El libro de Deuteronomio, y el capítulo 13 en particular, condena firmemente la idolatría y lo más probable es que motivara a Josías a acabar con esa práctica en Judá y restaurara la adoración al Dios verdadero. “Algunos eruditos también creen que, junto con esa reforma, se llevó a cabo una recopilación de una versión anterior de los libros de Josué a Reyes para reforzar las medidas tomadas por Josías” (Oxford Companion to the Bible, 1993, pág. 388).
2 Reyes 25:7 “Y degollaron a los hijos de Sedequías en presencia suya”
Aunque la mayoría de eruditos dan por hecho que todos los hijos de Sedequías fueron asesinados en esa ocasión, el Libro de Mormón revela claramente que “…los hijos de Sedequías… fueron muertos, todos salvo Mulek” (Helamán 8:21). No hay discrepancia, ya que el relato de 2 Reyes no indica que todos los hijos de Sedequías fueran asesinados. Desgraciadamente, el relato de cómo Mulek y las personas que estaban con él llegaron a las Américas se había perdido en el momento en que encontraron a los descendientes de Lehi.
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Mañana sábado temprano, estará disponible la nueva trivia.
Hernán Felipe Toledo
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