Buenos días queridos(as) amigos(as),
“No temáis; estad firmes y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros, porque a los egipcios que hoy habéis visto, nunca más volveréis a verlos”, Moisés (Éxodo 14:13).
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Éxodo 14–17 | Estad firmes y ved la salvación [de] Jehová
ANUNCIO IMPORTANTE: Nuestras clases del domingo ya pasaron a hacerse los lunes por la noche a la misma hora usual. La cuenta regresiva y horarios siempre estará en ClaseVenSigueme.com Ahora tendremos un formato más breve y muchos podrán usarla como complemento de sus noches de hogar. Así que agenden cada lunes por la tarde/noche.
Resumen de la clase
Después de la décima plaga, Faraón permitió a Moisés y a Aarón sacar de Egipto a los hijos de Israel. Después de su partida, Faraón endureció su corazón y envió su ejército tras los israelitas, quienes acamparon cerca del Mar Rojo. Jehová milagrosamente permitió a los hijos de Israel cruzar el Mar Rojo sobre tierra seca para escapar, mientras el ejército de Faraón se ahogaba. El pueblo de Israel cantó cantos de alabanza y gratitud a Jehová. Actuando por inspiración, Moisés sanó las aguas de Mara.
Tras la liberación de los israelitas del cautiverio, Moisés guió a los hijos de Israel al monte Sinaí. Durante el trayecto, los israelitas murmuraban por causa de la falta de alimento. Jehová bendijo a los hijos de Israel con maná y los instruyó a recogerlo cada mañana excepto en el día de reposo. Los hijos de Israel también murmuraban por causa de la sed. Jehová mandó a Moisés que golpeara una roca en Horeb para que saliera el agua. Los israelitas prevalecieron milagrosamente en la batalla contra los amalekitas. Moisés edificó un altar en el lugar donde Israel venció a los amalekitas como un memorial por lo que Dios había hecho por ellos.
Citas adicionales sobre temas centrales
Cuando el Profeta sigue la voz de Dios
En algún momento entre el llamamiento inicial de Moisés como profeta y cuando él y los hijos de Israel cruzaron el Mar Rojo, Jehová le dijo: “…serás más fuerte que muchas aguas, porque éstas obedecerán tu mandato cual si fueses Dios” (Moisés 1:25). ¿Cómo supo Moisés qué hacer cuando Él y los hijos de Israel se encontraban atrapados entre el Mar Rojo y el ejército de Faraón? Doctrina y Convenios 8:2-3 nos enseña que el Señor revela verdad e inspiración a nuestra mente y corazón por medio del Espíritu Santo y que fue por este “espíritu de revelación” que Moisés “condujo a los hijos de Israel a través del Mar Rojo sobre tierra seca”. Moisés fue un modelo de líder porque fue capaz de saber y actuar por la voluntad de Dios al reconocer los susurros del Espíritu Santo.
La razón del Maná diario
“Al brindar un sustento diario, un día a la vez, Jehová trataba de enseñar la fe a una nación que en un período de unos 400 años había perdido gran parte de la fe de sus padres, les enseñaba a confiar en Él, a ‘elevar hacia [Él] todo pensamiento, no [dudar], no [temer]’ (D. y C. 6:36). Él proporcionaba lo suficiente para un día a la vez. Salvo en el sexto día, no podían guardar maná para el próximo día o los siguientes. En esencia, los hijos de Israel tuvieron que caminar con Él ese día y confiar en que Él les otorgaría una cantidad suficiente de alimentos para el próximo día al día siguiente, y así sucesivamente. De esa forma, Él nunca estaría muy lejos de sus pensamientos ni de sus corazones” (“Danos hoy el pan nuestro de cada día”, D. Todd Christofferson [Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 9 de enero de 2011]; LDS.org).
El propósito del Maná
Jesucristo era el “pan de vida” (Juan 6:35) que bajó del cielo para dar vida a Su pueblo (véase Juan 6:31–35). El maná que proporcionó Jehová para nutrir y salvar a los hijos de Israel fue una sombra simbólica de Jesucristo. Poco después de que el Salvador alimentó físicamente a los 5,000 (véase Juan 6), Él hizo referencia al relato en el que Dios proporcionó el maná para enseñar que toda la gente necesita recibir el sustento espiritual del “pan vivo” (Juan 6:51) para obtener la vida eterna. El Salvador enseñó, “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Juan 6:54). El élder Bruce R. McConkie, del Cuórum de los Doce Apóstoles explicó, “Comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios es, primero, aceptarlo en el más literal y completo sentido, sin reserva alguna, como la descendencia personal en la carne del Eterno Padre; y, segundo, es guardar los mandamientos del Hijo aceptando Su evangelio, uniéndose a Su Iglesia y perseverando en obediencia y rectitud hasta el fin. Aquellos que sigan este curso y coman de Su cuerpo y beban de Su sangre tendrán la vida eterna, o sea, la exaltación en el cielo más alto del mundo celestial” (véaseDoctrinal New Testament Commentary, 3 tomos, 1965–1973, tomo 1, pág. 358).
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Hernán Felipe Toledo
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