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DyC 84 | El poder de la divinidad

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Clase Ven Sígueme DyC 84 | "El poder de la divinidad”


La plenitud a disposición de todos


La sección 84, llamada la sección del sacerdocio, es sustanciosa en doctrina. El convenio y juramento del sacerdocio están ahí. Me hace recordar la ocasión en que fui entrevistado para recibir el oficio de élder, así como para recibir el oficio de sumo sacerdote. En ambas ocasiones el Presidente de Estaca analizó en conjunto conmigo este convenio y juramento, que muestra la clara voluntad del Padre en compartir herencias con los "hijos de Moisés" (DyC 84:6, 31-32) que son mencionados como aquellos poseedores del Sacerdocio de Melquisedec.


Así como el convenio de Abraham, mediante el cual el Señor bendice a toda su descendencia y por medio de esta potencialmente a todas las familias de la tierra, se trató de un convenio dado por elección de Dios a Abraham, sin que haya existido requisito alguno (véase Abraham 2), así también pareciera ser que el convenio y juramento del sacerdocio es una decisión misericordiosa del Padre Celestial, de compartir la plenitud del sacerdocio con aquellos que desean ser parte de tal convenio, no habiendo un requisito previo para que lo hayamos merecido, pero sí evidentemente teniendo hombres y mujeres que guardan tal convenio para recibir tan grandes promesas posteriormente. Hay hermosura en las palabras que hablan de plenitud:


35 Y también todos los que reciben este sacerdocio, a mí me reciben, dice el Señor;
36 porque el que recibe a mis siervos, me arecibe a mí;
37 y el que me arecibe a mí, recibe a mi Padre;
38 y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, atodo lo que mi Padre tiene le será dado.
39 Y esto va de acuerdo con el ajuramento y el convenio que corresponden a este sacerdocio.


¿Dónde y cómo se recibe la plenitud?


En algún momento futuro podremos recibir de la plenitud del sacerdocio, hombres y mujeres (ya que no hablamos de órdenes u oficios, sino de plenitud), pero no es algo que se reciba de golpe. Parte de recibir de la plenitud del sacerdocio inicia desde el momento en que somos parte de los convenios y sigue con nuestra vida fiel a los tales. En particular, es destacable volver a los primeros versículos de la sección, en dónde se habla del templo. No está el tema ahí por casualidad. Es en el Monte de Sión, es decir, la Casa del Señor, en dónde se desarrolla el recibir la plenitud, desde las sagradas ordenanzas.


José Smith dijo:


Si un hombre ha de recibir la plenitud del sacerdocio de Dios, debe obtenerla de la misma manera que Jesucristo la alcanzó, que fue por guardar todos los mandamientos y obedecer todas las ordenanzas de la casa del Señor. (Enseñanzas, p. 376)


Y es en el acercamiento a recibir las promesas del Padre que la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio pasa al primer lugar de importancia. Ya que cuando hablamos de salvación, según vimos en la sección 76 en clases pasadas, lo más importante es la misericordia y gracia de Jesucristo, pues esta nos redime y nos salva. Y salva a quienes obedezcan. La obediencia por sí misma no salva, pero sí acerca y nos pone en la ruta indicada. Por eso la obediencia es el principal camino para recibir las promesas, por ejemplo, las promesas de la plenitud del sacerdocio, aún cuando no es un medio de salvación per se.


Condena limitante


Existe una grave condena para aquellos que violen este convenio. DyC 84:40-42 expone:


40 Así que, todos los que reciben el sacerdocio reciben este juramento y convenio de mi Padre, que él no puede quebrantar, ni tampoco puede ser traspasado.
41 Pero el que aviolare este convenio, después de haberlo recibido, y lo abandonare totalmente, bno recibirá perdón de los pecados en este mundo ni en el venidero.
42 Y, ¡ay! de todos aquellos que no obtengan este sacerdocio que habéis recibido, el cual ahora confirmo por mi propia voz desde los cielos sobre vosotros que estáis presentes este día; y aun os he encomendado a las huestes celestiales y a mis aángeles.


La consecuencia es tremenda: no recibir perdón jamás. Cabe aclarar siempre la diferencia entre esta consecuencia y la consecuencia para los que niegan el Espíritu Santo, a fin de no confundir, porque se asemejan pero no son iguales. Joseph Fielding Smith dijo:


Las personas que se aparten completamente de sus convenios y no se arrepientan renunciarán a las bendiciones de la exaltación prometidas a los fieles, aunque no lleguen a ser necesariamente hijos de perdición (véase Joseph Fielding Smith, Doctrines of Salvation, tomo III, págs. 141–142).


Como pueden ver, los que violen el convenio no recibirán el perdón necesario para ser exaltados, es decir, para seguir en el camino del convenio. Sin embargo, si no han negado el Espíritu y no han hollado el sacrificio del Señor Jesucristo, no irán a las tinieblas de afuera. Podrán recibir algún grado de gloria.


Protección


Y ya que hemos hablado de la hermosura de las promesas, remítanse nuevamente al final del versículo 42: "...aun os he encomendado a las huestes celestiales y a mis ángeles." Cuán importante será para el Señor este convenio y juramento que ha prometido explícitamente protección de sus siervos celestiales.


Tal versículo en uno de los manuscritos originales contiene información adicional: "Y ¡ay de todos aquellos que no obtengan este sacerdocio que habéis recibido, el cual ahora confirmo a ustedes el día de hoy, a saber, el día 23 de septiembre de 1832 d.C. once sumos sacerdotes excepto uno, por mi propia voz desde los cielos, e incluso he dado a mis ángeles que se encarguen de ustedes."


Aprendemos que si bien en el primer versículo de la sección se hablaba de seis élderes, en el segundo día de la revelación, se habló de diez sumo sacerdotes. Es muy probable que hayan llegado más hermanos, o inclusive que estos hayan sido ordenados al nuevo oficio, que sin duda alguna es un oficio "sumo" que también simboliza lo más alto del sacerdocio. De hecho, el gran sumo sacerdote, según muchas escrituras, es el Señor Jesucristo.


A todos estos hermanos se dirigieron las promesas de este convenio inicialmente, pero por supuesto a todos en el futuro.


Predicación: las promesas continúan


Desde el versículo 62 en adelante, se menciona la gran comisión apostólica y que se extiende a todo misionero y miembro: Ir y predicar el Evangelio por el mundo. Hay magníficas promesas para aquellos que se embarcan en la obra. El Señor estará con ellos. A la vez, hay un consejo a todos, de no afanarse en preocupaciones ajenas a la misión dada (81), y un mensaje en el versículo 88 que resume perfectamente todo el sentimiento de la revelación recibida sobre el sacerdocio, su convenio, juramento y promesas:


Y quienes os areciban, allí estaré yo también, porque iré 
delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis bángeles alrededor de vosotros, para sosteneros.


Y desde el versículo 109, recordamos hermosas enseñanzas también dadas otrora por el Apóstol Pablo sobre la importancia de cada miembro en el cuerpo de Cristo, que es Su iglesia.


Es una sección maravillosa que espero todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, puedan estudiar mediante el Espíritu. Recibirán mucha luz y sus corazones quedarán rebosantes de gratitud por la bondad de Dios, y por la posibilidad que tenemos todos nosotros de ser partícipes de una obra celestial.


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Un buen fin de semana para todos. Nos vemos en nuestra clase el domingo en la tarde/noche.


Hernán Felipe Toledo

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