Muy buenos días hermanos(as),
La clase de esta semana involucra varia secciones (51-57). Vimos lo esencial en nuestra clase. Si aún no la vieron, pueden hacerlo en el siguiente enlace:
Clase Ven Sígueme DyC 51-57 | “Mayordomo fiel, justo y sabio”
Una norma para no ser engañados
En esta clase aún se toca el tema, sobre todo en la sección 52, de los engañadores y espíritus falsos. Soy un convencido de que muchos, incluso dentro de la Iglesia, pueden llegar a desviar a los santos. Es por esto que debemos aprender a reconocer la verdad de forma clara e inequívoca. El consejo del Señor que complementa los anteriores que fue dando paso a paso, es clave:
14 Y además, os daré una norma en todas las cosas, para que no seáis engañados; porque Satanás anda por la tierra engañando a las naciones.
15 Por consiguiente, al que ora, cuyo espíritu es contrito, yo lo acepto, si es que obedece mis ordenanzas.
16 El que habla, cuyo espíritu es contrito, cuyo lenguaje es humilde y edifica, tal es de Dios, si obedece mis ordenanzas.
17 Y además, el que tiemble bajo mi poder será fortalecido, y dará frutos de alabanza y sabiduría, de acuerdo con las revelaciones y las verdades que os he dado.
18 Y además, el que es vencido y no da buenos frutos, conforme a esta norma, no es de mí. (DyC 52)
Primero, dice 'de acuerdo con las... verdades que os he dado'. La verdad proviene de Dios. Y segundo, las cualidades de los intermediarios de esta verdad son importantes. No podemos confiar en cualquier persona. El Señor ha establecido sus conductos, y ha descrito cómo son los siervos en quienes confía para revelar su verdad.
Hace poco leí una buena reflexión que nos advierte en cuanto al reconocimiento genuino de la verdad, escrito por Mary Stalling:
"Había un hombre llamado Solomon Asch que realizó un experimento psicológico. Se reunió a ocho personas en una habitación para participar en una prueba de visión grupal. El experimentador mostró al grupo una tarjeta. A la izquierda había una línea de referencia y a la derecha tres líneas etiquetadas como 1, 2 o 3. Cada individuo del grupo tenía que identificar en voz alta con qué línea coincidía la línea de referencia: línea 1, 2 o 3.
La respuesta era clara: se esperaba una tasa de error inferior al 1%.
Pero aquí estuvo el truco: todos menos uno de los ocho sujetos en la sala eran actores. Estos actores habían decidido previamente qué línea incorrecta elegirían durante cada prueba.
En realidad, solo una persona estaba siendo estudiada aquí. Y no estaba siendo evaluado en sus habilidades de juicio visual, sino en si se conformaría a una dinámica de grupo.
Este estudio se repitió en muchos sujetos de prueba. Algunos se mantuvieron seguros de su elección durante toda la prueba. Algunos cumplieron toda la prueba. En promedio, el sujeto de la prueba estuvo de acuerdo con la respuesta del grupo el 37% del tiempo. Fascinante, ¿verdad? Pasó de una tasa de error del 1% a una tasa de error del 37%.
Las entrevistas posteriores mostraron que las personas se conformaron por diferentes razones. Algunos no confiaban en su propio juicio. Algunos querían encajar en el grupo.
Pero aquí está el punto que me gustaría destacar: incluso cuando todos en el grupo dijeron que algo era cierto, no lo convirtió en verdad.
Como dijo Dieter F. Uchtdorf, “Lo que pasa con la verdad es que existe más allá de la creencia. Es cierto incluso si nadie lo cree".
Muchas veces en esta vida, estaremos rodeados de voces que dicen algo distinto. Pero eso no lo hace verdad. Hay una frase que circula: "di tu verdad". Y creo que la idea detrás de esto es importante: las personas deberían poder compartir sus opiniones, perspectivas e historia de vida. Pero usar la palabra verdad como si fuera subjetiva es algo de lo que desconfío. Porque la verdad no te pertenece ni a ti ni a mí. Pertenece a Dios. Y cuando vayamos a Él, la fuente de toda verdad, la encontraremos.
Confíe en lo que sabe que es verdad. Piense en su posición con Dios antes de pensar en su posición con los demás... Defienda la verdad mientras recuerda esta verdad fundamental: amar a su prójimo como a sí mismo."
Renunciar al mundo
El directo mensaje a Sidney Gilbert, "te doy el mandamiento de renunciar al mundo" (DyC 53:2), hace eco de un llamado a todos los santos hasta el día de hoy y en lo futuro, y se combina perfectamente con el ser un mayordomo fiel, justo y sabio (DyC 51:19) en lo que Dios nos confía en este mundo. El renunciar al mundo no significa que nos alejemos de todo lo que no sea de la Iglesia. Más bien debemos influir en el resto con lo mejor que tenemos, y no "contaminarnos" con las cosas malas del mundo. Para el hermano Gilbert que serviría en un llamamiento de asuntos y administración temporales, este consejo debió ser muy valioso.
Quebrantar un convenio
Ya hemos hablado de Leman Copley en clases pasadas, pero otra vez aparece mencionado en DyC 54, ahora como un gran mal ejemplo, pues había quebrantado el convenio que había hecho de compartir sus bienes con los santos, según la ley de consagración. El Señor se lamenta de esto y vemos lo grave que es en la primera mitad de la sección. Sin embargo, en sentido opuesto termina la sección ofreciendo el reposo del Señor a aquellos que son pacientes y tempranos en buscar a Dios, perseverando a pesar de las dificultades.
Hasta cierto punto sucedió algo semejante con algunos hermanos que fueron llamados a ciertas misiones y por incumplimiento el Señor revocó el llamamiento. Es el caso del hermano Thayre y del rebelde pueblo de Thompson, según se describe en la sección 56. Tal como manifesté en la clase, lo más triste de todo esto, es que cuando alguien no se mantiene digno del convenio y lo abandona, el Señor al revocar el convenio, revoca todas las bendiciones prometidas.
Sión
Esta clase concluye con una sección 57 en la que finalmente el Señor revela el lugar exacto del establecimiento de Sión, la Nueva Jerusalén. Los santos ya estaban llegando a Independence, Misuri. En la sección 52 el Señor les había pedido seguir su viaje hacia Misuri en dónde les sería revelado. Esto debió ser un motivo de gran gozo en los santos que siempre estaban expectantes a través de sus viajes al oeste, para saber en qué momento deberían dejar de migrar. Aún así, por la historia sabemos que tuvieron que seguir más allá del lugar revelado, cosa que iremos analizando en las próximas clases, junto al por qué.
Sin duda que los santos debían ser consolados en todos sus sufrimientos, y por eso se le da tanta importancia a los himnos. En la sección 55, se menciona al recién conocido del profeta, William Phelps. Él fue el creador de grandes letras de himnos como Oh Dios, de Israel; Ya regocijemos; o Loor al profeta. Fue llamado por el Señor para bautizarse y trabajar a favor de la instrucción de los niños. Fue un gran hombre y recomiendo que todos puedan investigar más de él.
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Un buen fin de semana para todos. Nos vemos en nuestra próxima clase el domingo en la tarde/noche.
Obispo Hernán F. Toledo
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