Hola queridos hermanos y hermanas,
Nuevamente estoy muy agradecido de la amplia participación de ustedes. Nos juntamos cada domingo y en vivo ponen sus saludos y luego participan contestando alguna interrogante y con sus aportes que muestro en pantalla todos aprenden en sus diferentes países. Es maravillosa la tecnología.
Si no viste la última clase, puedes hacerlo desde el siguiente vínculo:
Clase Ven Sígueme DyC 89-92 | "Un principio con promesa”
¿Mandamiento o sugerencia?
Recién hoy viernes me encontré con un leve debate virtual luego de una publicación sobre el consejo del profeta de vacunarse, consejo que de hecho se hizo oficial mediante el quórum de la Primera Presidencia. Algunos preguntaban algo bastante fuera de lugar como por ejemplo: "¿Y dónde está el albedrío?" Otros estaban convencidos de que era sólo una idea del profeta debido a su calidad de médico.
Pero tuve que responder de forma precisa. Aún cuando es un consejo del Profeta, que viene por revelación, al ser aprobada por el Primer Quórum de la Iglesia, es decir, la Presidencia del Sumo Sacerdocio de la Iglesia, y aún cuando sabemos que todos tenemos el albedrío para obedecer o no, debemos tener muy claro que independiente a estos dos factores, el llamado del profeta permanece. Y hasta donde hemos estudiado todo este año, cuando hablamos de un consejo normal de cualquier amigo, aunque sea valioso, tenemos la libertad de no seguirlo, porque puede ser que incluso tal amigo se haya equivocado al aconsejar y en algunos casos puede ser que mi idea sea mejor, o quizás haya más sabiduría en el consejo de otro de mis amigos. Pero cuando hablamos del consejo profético, no estamos hablando de que no tomarlo sea una opción. Y eso no es limitar el albedrío. Este sigue disponible. Ni siquiera Dios puede quitarlo. No obstante, hemos aprendido que un consejo del profeta no es sólo una sugerencia bonita. Debiéramos aprender a verlo como un mandato. Cuando un profeta declara un mandamiento (de hecho todo mandamiento de Dios ha sido declarado por algún profeta), este es simplemente un mandamiento, aún cuando tengamos el albedrío. Así funciona también con cada consejo que el profeta nos dé.
Volviendo a febrero de 1833, la revelación de la palabra de sabiduría fue dada precisamente como una revelación o salutación, en otras palabras como conocimiento valioso, pero al parecer fue entendida como una medida optativa. Y afortunadamente en esa época no había una pandemia que amenazara las vidas casi de forma instantánea. Más bien las adicciones o costumbres que tenían muchos miembros si bien causaban detrimento físico, era algo más paulatino. Quizás por eso, toda la Iglesia a pesar de recibir este consejo de forma precisa, lo tomó de manera relajada. Y afortunadamente también, el Señor tuvo mucha misericordia y paciencia, ya que sabía que era costumbre arraigada en la época y ni siquiera la ciencia era tan tajante, pues incluso había una corriente que favorecía el uso de algunas drogas o alcoholes.
Tal como lo dijo el Presidente Joseph F. Smith:
“En aquel momento… si [la Palabra de Sabiduría] hubiera sido dada como mandamiento habría puesto bajo condenación a todo hombre habituado al consumo de esos productos nocivos; de manera que el Señor fue misericordioso y les dio la oportunidad de vencer el mal hábito antes de ponerlos bajo el peso de la ley” (en Conference Report, octubre de 1913, pág. 14).
Lo que cabe destacar ahora es que esta ley fue dada posteriormente como mandamiento en 1882 y luego desde inicios del siguiente siglo hasta 1930 aproximadamente, fue usada como norma para cumplir ciertos requisitos, por ejemplo tener llamamientos, entrar al templo o servir una misión.
Como ustedes pueden ver, toda revelación del Señor aunque sea dada como consejo, y aunque la membresía lo tome tan sólo como una sugerencia, tiene el destino inequívoco de ser un mandamiento. Por eso mi consejo personal hoy, es que tomemos cada consejo del profeta con el mismo sentido que los mandamientos. Pues en el fondo, es lo mismo, y en ninguno de los casos se limita el albedrío. Sólo delimitamos nuestro entendimiento y lo acotamos más justificadamente a cumplir de forma moral o recibir consecuencias adversas, lo que a fin de cuentas nos protege espiritualmente. De eso se trata recibir mandamientos: recibir protección. Y en algunos casos el Señor nos otorgará tiempo para que vayamos "línea por línea".
Las restricciones
Desde el versículo 5 al 9 de la sección 89, están las sustancias que debemos evitar. A continuación se exponen sustancias que son creadas para el uso del hombre, con los límites propios que Dios nos pone para que seamos sabios en el uso, es decir, buenos mayordomos de sus creaciones.
Sólo quisiera aconsejar desde mi experiencia que:
- No debemos agregar más sustancias prohibidas "como regla general", a las que ya se exponen en la sección
- No debemos "limitar la ley a sólo una lista" de restricciones
Y, ¿Cómo logro cumplir estas dos sugerencias que parece que se contradicen?
Aclaro más. Sería un error, por ejemplo, agregar a la lista las bebidas gaseosas como regla general, ya que ni siquiera el profeta lo ha dicho. Sin embargo, me atrevo a decir que tomar bebidas gaseosas, tal acción por sí misma, no es un pecado, pero de todos modos sabemos que no son para nada saludables, y como la palabra de sabiduría es una ley de salud con promesas, para recibir tales, debemos cuidar nuestra salud, y eso variará de persona en persona y de situación en situación. Este es el caso perfecto de recordar que hay letra de ley y espíritu de ley, y que para que la ley se cumpla en todo el espíritu (intención) con que fue dada, es necesario que dé pasos mayores: evitar otras sustancias dañinas, al menos en cantidad o frecuencia, hacer más ejercicio físico, etc. Todo esto contribuye a nuestra fidelidad. Y tal como comenté recién, sería parte de "nuestra" palabra de sabiduría personal, y no debiéramos en ningún sentido declarar que sí o sí hay que hacer esto para cumplir la ley, ya que la palabra de sabiduría con su breve lista está declarada y no debemos añadir como regla general. En otras palabras, con "nuestro entendimiento personal" podemos agregarnos cosas que contribuyan pero no imponerlas a otro, porque ese otro con "su propia inspiración y entendimiento" logrará cumplir mejor la misma ley. Tampoco debemos juzgar a otros que estén enfermos, en sobrepeso, en desnutrición, etc. como si no fueran obedientes. El Señor es quien lleva este tipo de juicios, y sus siervos autorizados. Es tan fácil como entender también que si un miembro está tomando bebidas gaseosas, aún puede recibir una recomendación de templo, porque estas no han sido agregadas a la ley escrita, más bien son parte del espíritu de esta ley, algo muy deseable pero no limitante en cuanto a dignidad. Por supuesto que a medida que mejoremos nuestro entendimiento y por ende nuestro cumplimiento, las bendiciones serán más abundantes también, porque la luz se allega a la luz (clase pasada).
El mismo consejo doy a los hermanos y hermanas que son veganos o vegetarianos. Es algo muy bueno que muchas personas estén absteniéndose de consumir carnes por ejemplo. Pero en ningún caso debemos entender la abstinencia de carne como la única vía correcta, o por el contrario, el comer carne como si fuera un pecado. Sólo recordemos lo que dijo el Señor:
"...la carne de las bestias y de las aves del cielo, yo, el Señor, he dispuesto para el uso del hombre, con acción de gracias; sin embargo, han de usarse limitadamente; (89:12)"
Bendiciones
Podrán comprender fácilmente que las bendiciones son temporales y espirituales. Sugiero leer los últimos versículos de la sección meditando de forma personal en cuál de esas bendiciones he estado recibiendo continuamente y en qué grado. Más allá de las excepciones (pruebas terrenales de salud y otras) las bendiciones serán un aliciente constante y hermoso.
La función de la Primera Presidencia
La sección 90 es muy especial. Aprendemos de ella que tanto el profeta como sus consejeros tienen las mismas llaves del reino (90:6) y que ellos están a cargo del ministerio, la presidencia de la iglesia y la escuela de los profetas, de recibir revelaciones, de poner en orden la iglesia y de seguir estudiando y aprendiendo (90:12-15). Diez días después de dada esta revelación, la presidencia fue establecida con la ordenación de los consejeros. Recordemos que el Hno. Williams había sido llamado en lugar del Hno. Gause quien no había sido fiel desde su llamado hacía un año.
Era una época en que recién los ánimos se estaban pacificando, debido a las críticas de muchos miembros y líderes entre ellos mismos y sobre todo para con los líderes en Kirtland. Por lo tanto, el que el Señor haya recordado la función de ellos como "poner en orden las iglesias", debió ser un gran desafío, pero muy necesario. Recordemos siempre que la Primera Presidencia ha sido llamada para esto.
Quisiera dejarles con el versículo 24 de esta sección, que me parece muy hermoso:
Escudriñad diligentemente, orad siempre, sed creyentes, y todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien, si andáis en la rectitud y recordáis el convenio que habéis hecho el uno con el otro.
Reflexionemos en qué podrá significar "el convenio que habéis hecho el uno con el otro". Esto me recuerda el convenio bautismal en las palabras de Mosíah 18: "estáis dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo...". Aún cuando el convenio es con Dios, el que se haya expresado como si fuera entre nosotros, es por este compromiso inherente: el apoyarnos entre miembros de Su Iglesia.
DyC 91-92
Estas secciones tratan temas puntuales. Los libros apócrifos en resumen contienen muchas verdades y deben ser estudiados con el Espíritu Santo para poder sacar provecho y no confundirse. Y el consejero recién llamado, el Hno. Williams, debía ser admitido en la orden unida.
Espero que todos ustedes hallen grandes tesoros de conocimiento al estudiar estas secciones.
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Un buen fin de semana para todos. Nos vemos este domingo en la tarde/noche, en nuestra clase en vivo.
Hernán Felipe Toledo
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