Buenos días y buen fin de semana para todos,
Luego de una semana con otros anuncios y con la Conferencia, retomamos el correo de Ven, Sígueme. Es bueno saber que muchos lo están esperando cada semana.
Si no viste la última clase en vídeo, puedes hacerlo desde el siguiente enlace:
Clase Ven Sígueme DyC 115-120 | "Su sacrificio será más sagrado para mí que su ganancia"
El nombre correcto
Aún cuando hasta la época de 1838, la Iglesia era llamada como la Iglesia de Cristo o la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, llegó la hora de la revelación exacta del nombre "La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días" (DyC 115:4). En la época el apodo también era "la iglesia mormonita" o "mormona". El Señor ha vuelto a enfatizarnos este principio mediante la voz de profeta Russell M. Nelson, y más últimamente mediante la voz del Élder Andersen en el penúltimo mensaje de la reciente Conferencia General Semestral de octubre de 2021. Se ha dicho mucho sobre esto, y sólo me resta la invitación a que meditemos en tal nombre, en cada término y preposición. Notaremos que se produce un cambio dentro de nosotros cada vez pronunciamos el nombre correcto y evitamos tomar atajos verbales.
La prueba de Lehi
Yo le llamo el desafío o la prueba de Lehi al mandato del Señor, a cualquiera de sus hijos, de abandonar sus tierras y posesiones para embarcarse en la búsqueda de una tierra prometida. Tal fue el caso esta vez de Newel K. Whitney y William Marks (DyC 117:1-11), a quienes el Señor pidió marchar hacia Far West, aquella tierra que ahora sería edificada con templo incluido para el recogimiento de los santos, luego de que hubieran tenido que emigrar del Condado de Jackson, el condado de Clay y otros sitios cercanos. Las preguntas de los primeros versículos de esta sección nos hacen recobrar el sentimiento de poder y propiedad del Señor. Él es dueño de todo y si Él mismo manda abandonar bienes, no deberíamos preocuparnos, ya que Él proveerá lo necesario para volver a surgir. Es poco probable que le pida esto a todos en esta jornada terrenal, pero en algún momento cada uno de nosotros será probado en esta prueba de Lehi, que más específica y cabalmente el Señor denomina la denomina como la ley de consagración.
Oliver Granger
El hermano Granger debía quedarse y luchar por obtener o recuperar dinero de las propiedades que quedarían abandonadas en Kirtland. Él hizo un gran trabajo como agente, considerando sus limitaciones. No pudo recuperar casi nada, pues muchos se tomaron las propiedades para sí sin intención de pagar, pero posteriormente Oliver consiguió otras propiedades en Iowa. Aún así en base a su dedicación se da el nombre a esta clase, aludiendo al versículo 13 de DyC 117 "su sacrificio será más sagrado para mí que su ganancia".
“Oliver Granger era un hombre común y corriente; era casi ciego, habiendo ‘perdido la vista debido al frío y al haber quedado expuesto al rigor del tiempo’ (History of the Church, tomo IV, págs. 408–409).
La Primera Presidencia lo describió como ‘un hombre de la más estricta integridad y virtud moral; en resumen, era un hombre de Dios’ (History of the Church, tomo III, pág. 350).
Efectivamente al quedar su nombre y su mención en esta sección, se guarda en la memoria de muchas generaciones, cumpliéndose la profecía de tales escrituras.
Los Doce, relevos y llamados. Líderes que caen.
Este año es trascendental porque se da el relevo de cuatro miembros de los Doce y se llaman a cuatro en su reemplazo. Los cuatro "caídos" en apostasía fueron: John F. Boynton, Luke Johnson, Lyman Johnson y William E. McLellin, y los cuatro llamados están en la sección 118: John Taylor, John E. Page, Wilford Woodruff y Willard Richards. Cabe destacar que en los nuevos llamamientos hay dos futuros presidentes de la Iglesia y un futuro consejero en la presidencia. Sólo John E. Page terminó apostatando también, luego de la crisis de sucesión, tras la muerte del profeta José Smith. Así como varios, él reclamó autoridad para seguir liderando la iglesia, o para que otros la lideraran. Algo similar sucedió con William Marks de quien se habla en la sección 117. Él, a pesar de ser del sumo consejo en Kirtland, y de llegar a ser el Presidente de Estaca en la emergente Nauvoo, terminó apostatando y siguiendo otras corrientes de fe disidente.
Estos ejemplos me llamaron la atención y a pesar de que ya es historia repetida durante todo el año, me recuerdan que nadie tiene su conversión asegurada en forma plena. Ni siquiera estos prominentes líderes que ayudaron a cientos a conocer la verdad, siendo reales instrumentos de Dios, pudieron llegar al final de sus vidas de forma fiel al Evangelio que habían abrazado con tanto fervor. Quisiera que todos nos centremos en desarrollar la fe y el testimonio para sumar a la conversión personal día a día y que nunca pensemos que estamos en otro nivel, como si fuéramos invulnerables. Quizás logremos cierta invulnerabilidad, pero mientras no nos creamos ese cuento, sino más bien, mientras sigamos en la batalla de Cristo, todo irá bien y la perseverancia se transforma en nuestra principal aliada.
El diezmo exacto
A finales de 1837, el obispo Newel K. Whitney, en Ohio, y el obispo Edward Partridge, en Misuri, comenzaron a pedir a los miembros de la Iglesia que pagaran el diezmo. En ese tiempo los miembros de la Iglesia creían que el diezmo representaba cualquier ofrenda voluntariamente donada a la Iglesia (véase Steven C. Harper, “El diezmo de mi pueblo”, en McBride y Goldberg, Revelaciones en contexto, pág. 267, o history.lds.org). En Kirtland, Ohio, el obispado comenzó a “apelar a los miembros de la Iglesia en todas partes a que llevaran ‘sus diezmos al alfolí’ para aliviar las deudas de la Iglesia y contribuir a establecer la comunidad de los santos en Misuri. Aunque esta petición general no incluía las cantidades recomendadas para las donaciones, en diciembre de 1837 un comité [de líderes de la Iglesia en Misuri] propuso que se le pidiera a cada cabeza de familia que donara anualmente cierto porcentaje del valor neto, un porcentaje basado en las necesidades de la Iglesia para el año. Para cubrir los gastos previstos de la Iglesia para 1838, el comité propuso un ‘diezmo’ del dos por ciento. El comité creyó que tal programa ‘cumpliría en cierto grado la ley de consagración’” (en The Joseph Smith Papers, Documents, tomo VI: febrero de 1838–agosto de 1839, págs. 184–185; ortografía estandarizada).
A medida que los miembros de la Iglesia comenzaban a reunirse en Far West, Misuri, y sus alrededores, la Iglesia y sus líderes aún afrontaban una enorme deuda. La revelación registrada en Doctrina y Convenios 119 se recibió durante una reunión de liderazgo el 8 de julio de 1838, en respuesta a esta petición: “¡Oh Señor! Indica a tus siervos cuánto requieres de las propiedades de tu pueblo como diezmo” (en The Joseph Smith Papers, Documents, tomo VI : febrero de 1838–agosto de 1839, pág. 186; ortografía estandarizada).
La revelación registrada en Doctrina y Convenios 120 “se dio en referencia a ‘la disposición de las propiedades diezmadas, según se designó en la revelación anterior [D. y C. 119]’” (en The Joseph Smith Papers, Documents, tomo VI: febrero de 1838–agosto de 1839, pág. 190; ortografía estandarizada).
El Señor reveló: “… requiero que todos sus bienes sobrantes sean puestos en manos del obispo de mi iglesia en Sion” (D. y C. 119:1), y luego explicó el propósito de hacerlo (véase D. y C. 119:2). En consecuencia, los miembros de la Iglesia darían propiedades o posesiones al obispo después de que todas sus necesidades quedaran satisfechas. Durante una reunión de consejo celebrada poco después que se recibiera la revelación registrada en Doctrina y Convenios 119, se definió la “propiedad excedente” de la siguiente manera: “bienes, como tierra o ganado, que [los propietarios] no podían ‘utilizar para su provecho’” (en The Joseph Smith Papers, Documents, tomo VI : febrero de 1838–agosto de 1839, pág. 187, nota 121).
La segunda parte de la respuesta del Señor a la pregunta del Profeta requería que los santos “pagar[an] la décima parte de todo su interés anualmente” (D. y C. 119:4). El Señor ha revelado una aclaración complementaria de este mandamiento desde el momento en que se dio esa revelación (véase The Joseph Smith Papers, Documents, tomo VI : febrero de 1838–agosto de 1839, pág. 188, nota 126). En 1970, la Primera Presidencia dio la siguiente respuesta al explicar “lo que se considera un diezmo apropiado”:
“La declaración más sencilla que conocemos es la declaración del Señor mismo, a saber, que los miembros de la Iglesia deben pagar una ‘décima parte de todo su interés anualmente’, lo que se entiende por ingreso. Nadie está justificado para hacer ninguna otra declaración” (Carta de la Primera Presidencia, 19 de marzo de 1970).
De modo que nunca tomemos como oficial un consejo de pagar del bruto o del líquido. Eso debe entenderlo cada persona al dar sus donativos, y lograr sentirse bien al respecto de cumplir la ley de forma exacta, ya que es una ley bastante numérica pero con un potente trasfondo espiritual.
Espero que podamos ser cada vez mejores cumplidores de esta ley, que no sólo santifica a Sión (119:5-6), sino que nos derrama bendiciones enormes (3 Nefi 24:8-10).
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PODCAST "Humanos de Fe"
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Un buen fin de semana para todos. Nos vemos este domingo en la tarde/noche, en nuestra clase en vivo.
Obispo Hernán F. Toledo
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