Di que sí… o no
Nov 22, 2020 4:22 pm
Hace tiempo que vi una película titulada “Di que sí” (“Yes man” si prefieres su título original).
A pesar de ser una comedia, tenía cierto trasfondo que hace que la idea que plantea cale en ti.
En la película, Jim Carrey encarna a un tipo un tanto soso y amargado que solo hace que decir que “no” a cualquier plan que le proponen.
Un día conoce a una especie de gurú que le convencerá para empezar a decir que sí a todas las oportunidades que le surjan, por muy absurdas que puedan parecer.
No te voy a destripar más la película (de paso, servirá a modo de recomendación dominguera) pero sí que me sirve para introducir el tema que quería tratar hoy.
Y es que últimamente me encuentro infringiendo ciertas reglas que me había propuesto cumplir con respecto a decir que sí a todo, refiriéndome al mundo de los negocios.
He estado diciendo que sí por encima de mis posibilidades humanas y la saturación comienza a llegar.
Cuando en tu ordenador empiezas a abrir programas “a lo loco”, llega un momento en el que te aparece un mensaje que dice “No responde” y se queda la pantalla congelada.
Pues lo mismo me está pasando a mi en versión cerebral, y yo no puedo ampliar mi disco duro y mi memoria RAM para hacer frente a más programas abiertos.
¿Y por qué digo (decimos) que sí a todo cuando se trata de proyectos (o de cualquier otra cosa)?
En mi caso creo que es por dos motivos.
El primero es el miedo a “estar dejando escapar una oportunidad”. Me gustan los nuevos proyectos más que a un tonto un lápiz, y claro… los quiero todos: Los nuevos, los viejos, los que surgirán y los que me propongan.
El principal problema es que por muy multipotencial que seas, tu tiempo y tu energía es limitada. Los proyectos requieren de “cariño”, y si solo haces que abrir nuevos topics porque te molan… de poco te servirá si no inviertes en ellos.
Y a mi me está llegando ya el momento del bloqueo. Al tener tantos temas abiertos… me comienzo a abrumar y llego al punto de no hacer directamente nada.
El segundo motivo por el que peco (pecamos) de exceso de “síes” en nuestra vida es por el miedo a decepcionar a terceras partes.
Aquí hay que entender que cuando decimos que no a una propuesta se lo estamos diciendo a la propuesta y no a la persona. A veces pensamos que la otra parte se va a enfadar o ya no va a querer hacer nada más con nosotros por negarnos a su propuesta, pero esto no suele ser así.
Y aunque así fuera, la verdad… ¿Qué importaría? Las reacciones de los demás no es algo que esté bajo nuestro control, por lo que conviene no darle demasiadas vueltas.
Hay un libro titulado “Hell yeah or no” que hace una propuesta interesante sobre este asunto.
El autor comenta que cuando estamos ante un dilema sobre hacer algo que va a implicar invertir nuestro tiempo en ello, debemos preguntarnos cómo nos sentimos ante la propuesta.
Si no nos sentimos lo suficientemente motivados como para responder con un “hell yes”, entonces claramente es un “no”.
Yo no soy una persona de “blancos o negros”, la verdad, pero no sé… si la situación se vuelve crítica, igual es hora de dejar de deambular por las zonas grises y elegir una opción más radical.
En fin, espero que estas reflexiones en voz alta te sirvan en tus propias situaciones personales.
Hoy no te podrás quejar, te dejo una película y un libro como recomendaciones domingueras, ahora es cosa tuya decir que sí… o no.
¡Buen domingo!